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Acceder a la jubilación ordinaria en Argentina en 2026 ya no es un trámite que pueda improvisarse en los últimos meses de la vida laboral. El vencimiento de la Ley 27.705 —la última moratoria previsional vigente, cuyo plazo operó el 23 de marzo de 2025— eliminó la principal válvula de escape para quienes no completaban los años de aportes exigidos. Hoy, los dos requisitos centrales del sistema —edad y servicios con aportes— deben cumplirse de manera genuina o compensarse dentro de los márgenes que la propia ley habilita.

Edad y permanencia: más allá del mínimo legal

El régimen previsional argentino mantiene la diferenciación etaria por género: 65 años para los hombres y 60 para las mujeres, aunque estas últimas conservan la facultad de continuar en actividad hasta los 65 años sin requerir autorización patronal. Por su parte, el artículo 252 de la Ley de Contrato de Trabajo establece que el empleador solo puede intimar al trabajador a iniciar trámites jubilatorios cuando este cumple 70 años y reúne los requisitos de aportes.

Esta ventana entre la edad mínima jubilatoria y los 70 años no es un dato menor: cada año adicional de actividad registrada mejora el promedio salarial que sirve de base al cálculo del haber y, además, incrementa la Prestación Básica Universal en un 1% por cada año de servicios que exceda los 30 exigidos, hasta un tope de 45 años. Un trabajador que se retira con 40 años de aportes percibe una PBU un 10% superior a la base.

Cómo se construye el haber: los tres componentes

El haber jubilatorio ordinario no resulta de aplicar un porcentaje directo sobre el último salario, sino de sumar tres prestaciones técnicas diferenciadas:

  • Prestación Básica Universal (PBU): monto fijo e igualitario, con el incremento del 1% anual por años de servicio adicionales.
  • Prestación Compensatoria (PC): reconoce aportes anteriores al 30 de junio de 1994, calculada como el 1,5% por cada año de servicios previos a esa fecha, multiplicado por el promedio de remuneraciones.
  • Prestación Adicional por Permanencia (PAP): el componente de mayor peso para quienes se jubilan hoy, ya que cubre los aportes posteriores al 1° de julio de 1994 con la misma fórmula del 1,5% anual sobre el promedio salarial.

El elemento transversal que determina la calidad del haber en la PC y la PAP es el promedio de las últimas 120 remuneraciones brutas sujetas a aportes —es decir, los últimos diez años de actividad—. Reducir ingresos, migrar a categorías bajas de Monotributo o aceptar empleos informales en esa etapa final impacta negativamente en el haber de manera permanente.

El promedio de las últimas 120 remuneraciones brutas es la variable que más incide en el haber final: bajar los ingresos en la última década laboral compromete la jubilación de por vida.

Actualización de haberes: la Disposición 29/2025

Una novedad técnica relevante para quienes se jubilen a partir de fines de 2025 es la modificación en los índices de actualización de remuneraciones históricas introducida por la Disposición 29/2025 de la Subsecretaría de Seguridad Social. Para promediar salarios de hace una década con los actuales, ANSES debe actualizarlos a valores de hoy. El nuevo mecanismo combina el RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) con el IPC (Índice de Precios al Consumidor), en línea con la lógica del Decreto 274/2024 de movilidad. Esta fórmula mixta apunta a reflejar con mayor fidelidad la capacidad adquisitiva que tenía el trabajador durante su vida activa y, en términos prácticos, debería traducirse en un haber inicial más representativo que el obtenido con fórmulas anteriores.

Alternativas vigentes ante la falta de aportes

Sin moratoria activa, las opciones para cerrar brechas de aportes son más acotadas pero existen:

  • Compensación por exceso de edad (art. 19, Ley 24.241): por cada dos años de edad que excedan los 65 (en el caso de los hombres), se computa un año adicional de servicio. Un hombre que se jubile a los 69 años puede acceder con 28 años de aportes en lugar de 30.
  • Aportes genuinos vía Monotributo: para quienes aún están en actividad y proyectan un déficit, inscribirse en el Monotributo —o en el Monotributo Social, si los ingresos lo permiten— genera meses de aporte real que se acumulan hacia el requisito.
  • Reconocimiento de tareas de cuidado (Decreto 475/2021): las mujeres pueden sumar años de servicio fictos por maternidad y crianza: un año por hijo biológico, dos por hijo adoptivo, uno adicional por hijo con discapacidad acreditada mediante el Certificado Único de Discapacidad, y dos años adicionales si se percibió la Asignación Universal por Hijo durante al menos doce meses. Es imprescindible presentar las partidas de nacimiento de todos los hijos al iniciar el trámite, incluso los fallecidos o mayores de edad.

Quien no logre reunir los requisitos de la jubilación ordinaria puede recurrir a la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), que exige 65 años sin distinción de género y otorga el equivalente al 80% del haber mínimo. Sin embargo, la PUAM no genera derecho a pensión por fallecimiento: si el titular muere, el cónyuge supérstite no percibe ningún beneficio derivado de esa prestación. Esta diferencia es decisiva en la planificación familiar del retiro.

El frente judicial: reajustes y movilidad

La litigiosidad previsional continúa siendo alta en 2026. Durante 2025, la Cámara Federal de Mar del Plata —en sintonía con otros tribunales federales— declaró la inconstitucionalidad de la Ley 27.609, la fórmula de movilidad aplicada entre 2021 y 2024, por considerar que produjo una pérdida del poder adquisitivo superior al 50% en relación con la inflación del período. Esta línea jurisprudencial habilita reclamos de reajuste para jubilados que vieron deteriorarse su haber bajo esa fórmula. El procedimiento requiere agotar la instancia administrativa ante ANSES —cuyo rechazo es esperable— antes de iniciar la acción judicial. Los retroactivos pueden ser significativos, aunque su cobro efectivo suele extenderse en el tiempo.

En suma, la planificación previsional en 2026 exige anticipación, conocimiento de los mecanismos de cálculo y atención al escenario normativo, que sigue siendo dinámico. Consultar el historial laboral en Mi ANSES con varios años de antelación a la edad de retiro es el primer paso concreto hacia una jubilación que refleje genuinamente la historia de aportes del trabajador.

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