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Tomar café o té es una práctica arraigada en la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. Lo que hasta hace poco parecía un simple hábito de confort, hoy acumula evidencia científica que sugiere algo más: el consumo moderado de estas bebidas podría estar asociado a una mejor salud cerebral y a un menor riesgo de desarrollar demencia.

Un estudio de largo alcance, publicado en la revista científica JAMA (2025), analizó durante más de cuatro décadas los hábitos de consumo de café y té en más de 131.000 hombres y mujeres en los Estados Unidos. El trabajo, liderado por el investigador Dong D. Wang y sus colaboradores, es uno de los más extensos realizados hasta la fecha sobre esta relación.

El estudio, publicado en JAMA en 2025, siguió a más de 131.000 personas durante más de cuatro décadas y encontró que el consumo moderado de café o té con cafeína se asocia con menor riesgo de demencia y mejor desempeño cognitivo.

Qué encontró la investigación

Los resultados del estudio muestran que las personas que consumían café con cafeína de forma habitual presentaron un riesgo significativamente menor de demencia en comparación con quienes prácticamente no lo ingerían. Además, reportaron menos dificultades de memoria en su vida diaria y obtuvieron resultados levemente superiores en pruebas de evaluación cognitiva.

El té con cafeína mostró una asociación similar. En cambio, el café descafeinado no registró el mismo efecto, lo que lleva a los investigadores a señalar que la cafeína podría ser el componente clave detrás del beneficio observado, aunque no el único factor en juego.

¿Cuánto es suficiente? El concepto de consumo moderado

La investigación no propone el consumo ilimitado como estrategia saludable. Por el contrario, los datos indican que el punto de mayor beneficio se ubica en rangos moderados:

  • Entre dos y tres tazas diarias de café con cafeína.
  • Entre una y dos tazas diarias de té.

Superar esas cantidades no parece traducirse en mayores beneficios cognitivos, y podría acarrear otros efectos no deseados sobre la salud cardiovascular o el sueño, aspectos que el propio estudio no aborda en profundidad.

Por qué podría ayudar al cerebro

Los autores ofrecen algunas hipótesis explicativas, sin afirmar que la relación sea de causa a efecto directo. En primer lugar, la cafeína actúa sobre receptores de adenosina en el cerebro, modulando la actividad neuronal y favoreciendo la atención y la memoria a corto plazo. En segundo lugar, tanto el café como el té son ricos en compuestos antioxidantes —como los polifenoles— que podrían contribuir a reducir el daño oxidativo asociado al envejecimiento cerebral.

Esta distinción es relevante: no se trata de un efecto inmediato ni aislado, sino de una asociación que se construye a lo largo de años de consumo regular y moderado.

Lo que el estudio no dice: límites y contexto

Los propios investigadores son cuidadosos en sus conclusiones. El diseño observacional del estudio impide afirmar que beber café o té cause directamente una menor incidencia de demencia. Pueden existir variables de confusión: quienes consumen estas bebidas en forma moderada podrían también tener estilos de vida más saludables en otros aspectos.

La salud cognitiva es multifactorial. La alimentación equilibrada, la actividad física regular, la calidad del sueño, el control de la presión arterial y la estimulación intelectual sostenida son factores igualmente relevantes. Ningún alimento o bebida, por sí solo, puede reemplazar una estrategia integral de cuidado de la salud.

Relevancia en el campo de la salud y el derecho

Desde una perspectiva jurídica, estudios de esta naturaleza cobran relevancia en distintos ámbitos. En materia de salud pública, los hallazgos científicos de largo plazo como este suelen informar guías clínicas y políticas sanitarias que, a su vez, pueden impactar en las coberturas obligatorias que deben brindar las obras sociales y las empresas de medicina prepaga.

En Argentina, la Ley 26.682 de Medicina Prepaga y la Ley 23.660 de Obras Sociales establecen marcos de cobertura vinculados al estado del arte médico-científico. Aunque una taza de café no configura una prestación médica, la evidencia acumulada sobre prevención del deterioro cognitivo puede influir en decisiones sobre cobertura de programas preventivos, controles neurológicos y tratamientos relacionados con la demencia.

La demencia, por otra parte, es una condición que genera consecuencias jurídicas concretas en el ámbito civil: desde la declaración de incapacidad o capacidad restringida regulada por el Código Civil y Comercial de la Nación, hasta la designación de apoyos, la validez de actos jurídicos y la administración del patrimonio de las personas afectadas. Cualquier avance científico que contribuya a retardar o prevenir su aparición tiene, en ese sentido, una dimensión que excede lo médico.

En definitiva, la investigación publicada en JAMA aporta datos valiosos sobre un hábito cotidiano que, en su justa medida, podría sumar al cuidado del cerebro a lo largo de la vida. Una buena noticia para quienes disfrutan de su taza de café o té de cada mañana.

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